La verdadera razón del amor eleva al hombre y la mujer en un propósito que trasciende el tiempo
I started writing because I was afraid of how easily thoughts would disappear. Not the important—but the small ones. How light shifts when I leave a room. The sound of a page turning in the night.
Small observations. They don’t ask to be understood. Only to be recorded and maybe read, slowly.
La importancia de abordar el amor, primero con la relación personal con Dios, radica en que somos sus criaturas, Él nos creó para amar. Desde esta relación, de haber experimentado en nuestras vidas su amor incondicional y misericordioso, podremos amar al prójimo en plenitud. Por lo tanto, el amor ha de ser el motor que mueva nuestra vida, en tal sentido nos señala San Josemaría en el libro Camino, punto 813 que: “Hacedlo todo por Amor. _Así no hay cosas pequeñas: todo es grande. La perseverancia en las cosas pequeñas, por Amor es heroísmo.”
El catecismo de la Iglesia Católica, en el punto 1822 nos refiere que “La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por Él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios”. Esta virtud es un regalo, que nos da Dios, situándonos en un plano de recibir y dar amor, a Dios y a los semejantes. Siendo que Él ha tenido la iniciativa de amarnos primero, nuestra respuesta es corresponderle. El amor incondicional de Dios al mundo se expresa según el siguiente versículo, “el hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mi” (Ga. 2, 20). Esta realidad acaso no nos mueve a considerar su entrega absoluta por amor, como un llamado a su amistad. Confiar que nos regala bases solidas y profundas para abrir nuestros corazones y por consiguiente a amarle y seguirle.
Las acciones de los hombres y mujeres que caminan a la luz de Dios están inspiradas en hacer el bien. Su amor es tan grande que nos hace actuar más allá de nosotros mismos, nos invita a amar al prójimo como a mí mismo, “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” (Juan 13,34). Su amistad nos lleva a querer ser mejores hijos de Dios, siendo así, nuestra vida se abre a la Gracia del Espíritu Santo, cuyos beneficios nos señala el Catecismo de la Iglesia en el punto 1829, que “La caridad tiene por frutos el gozo, la paz y la misericordia. Exige la práctica del bien y la corrección fraterna; es benevolencia; suscita la reciprocidad; es siempre desinteresada y generosa; es amistad y comunión”. (“Catecismo de la Iglesia Católica, Tercera parte, Primera sección ...”)
Por lo tanto, vivir en una comunidad de amor fraterna nos compromete a llevar una vida pensada en el bienestar de los demás. Considerando los valores morales y éticos.
Sugerencia de escritura del día
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